Gloria Barragán Rosas, Pueblo Yaqui 1963, conocida como Gloria del Yaqui, es licenciada en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Sonora. Obra: Humoremas, 1997; Sólo para tus ojos, 1997; y el Libro del Buen Humor, 2003. Es también conocida y reconocida por su altruismo y amor a la naturaleza y la vida. Fundadora de los talleres de Biblioterapia ha trabajado muy cerca de quienes son marginados de esta realidad y cuyos frutos --que ella esperanzadamente recogió-- están contenidos en varios folletos de honda y estremecedora factura. Es madre de tres hijos: Jazmín, Dely Zú y Jesús Ángel.
Su poesía es diáfana y se ve que la construye a diario, pacientemente, sin prisas pero sin pausas, conocedora del oficio y sus tineblas. Hay, detrás de sus metáforas e imágenes, otras quizá más primigenias, más puras, como son las palabras: un caleidoscopio en donde puede perfilarse otra realidad, otro signo, otro tiempo. A veces, toca con su palabra la infinitud y plantea un buscarse en la fe, en el amor pleno y desinteresado al prójimo.
Actualmente Gloria del Yaqui es la Coordinadora de Literatura del Instituto Sonorense de Cultura en donde se ha destacado por su incansable trabajo de apoyo a los escritores de la entidad.
Así mismo, es fundadora y activa integrante de Escritores de Sonora, A.C.
Gloria del Yaqui, recientemente fue galardonada como Mujer del Año por su trayectoria cultural por el Gobierno del Estado.
Un poema más.
Es la hora de segar
y el campo amarillo
de trabajo brilla.
Me reconforta saber
que habrá espigas de trigo
en nuestra mesa.
Yque volverás a mí
al final de la jornada.
Volveremos a dar gracias
porque tenemos en QUIEN
recargar nuestro cansancio;
ya lo ha dicho la escritura
a cada día le corresponde
su propio afán.
Gloria del Yaqui.
Abril, 2009.
A que sabrá tu boca...
A qué sabrá tu boca
mañana
a qué sabrá.
Mañana – bajo el alba
tu boca – cosecha dulce
a qué sabrá.
Es posible todavía
que encontremos del sol
su sabor de mediodía.
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jueves, 7 de mayo de 2009
Desde Venecia al Yaqui
Desde Venecia al Yaqui
En los recubrimientos más antiguos
y en las viejas piedras de ultramar
se encuentran cinceladas las historias
del trigo
los ciclos de la recolección
el canto y los bailes que celebran
las trillas
Está ahí fijas y entrelazadas
las lunas y sus soles, los rostros
y las manos
de esos hombres con la siega en alto
en las columnas de mármol y mattone
a la entrada de la catedral de San Marcos
Y mientras la brisa impregna de salitre
los quehaceres del campo inmóviles y fríos
yo recuerdo
mirando los altorrelieves que también allá
en mi tierra
el sol la luna y las estrellas
se transforman en agua y se van
por los canales
Porque aquí en el Yaqui las labores del campo
no son alegorías de turistas
ni los canales llevan sal en las góndolas
ni las piedras tienen seiscientos años según
consta en las actas
Estos los de aquí, los del Yaqui son de un agua
más dulce que los ríos
y las manos son de la mismísima carne
de esas campesinas de Millet
que dejan la hoz para entonar el Angelus
Ésta, es la historia del trigo otra vez repetida
sin canales ni góndolas
y sólo en las tibias espigas adivino
en este luminoso valle
el calor de tus manos
En los recubrimientos más antiguos
y en las viejas piedras de ultramar
se encuentran cinceladas las historias
del trigo
los ciclos de la recolección
el canto y los bailes que celebran
las trillas
Está ahí fijas y entrelazadas
las lunas y sus soles, los rostros
y las manos
de esos hombres con la siega en alto
en las columnas de mármol y mattone
a la entrada de la catedral de San Marcos
Y mientras la brisa impregna de salitre
los quehaceres del campo inmóviles y fríos
yo recuerdo
mirando los altorrelieves que también allá
en mi tierra
el sol la luna y las estrellas
se transforman en agua y se van
por los canales
Porque aquí en el Yaqui las labores del campo
no son alegorías de turistas
ni los canales llevan sal en las góndolas
ni las piedras tienen seiscientos años según
consta en las actas
Estos los de aquí, los del Yaqui son de un agua
más dulce que los ríos
y las manos son de la mismísima carne
de esas campesinas de Millet
que dejan la hoz para entonar el Angelus
Ésta, es la historia del trigo otra vez repetida
sin canales ni góndolas
y sólo en las tibias espigas adivino
en este luminoso valle
el calor de tus manos
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