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jueves, 3 de diciembre de 2009

Cobró Miguel Angel 2.9 mdd por pintar la Sixtina



Decorar la Capilla Sixtina, una de las joyas artísticas del Vaticano, costó a las arcas papales unos tres mil ducados lo cual, en actualidad, equivale a 2.9 millones de dólares aseguró hoy Pier Luigi Vercesi.



El responsable de la sección "Viajes" del diario italiano "Il Sole 24 Ore" dio estas cifras en la presentación, en los Museos Vaticanos, de la más reciente serie de libros sobre ese templo titulada "La palabra pintada. La Biblia en la Capilla Sixtina".



Vercesi basó sus estimaciones en el pago del Papa Julio II al artista italiano Miguel Angel Buonarroti, quien tardó cuatro años en idear y ejecutar las obras maestras de la pintura que colocó sobre las paredes y el techo de la capilla.



"Si se considera que se pagaron tres mil ducados, haciendo una estimación basada en el poder adquisitivo de ese tiempo, con elactual podemos concluir que el trabajo costó unos dos millones de euros (2.9 millones de dólares)", señaló.



"Con estos datos -agregó- podemos afirmar que se abonó la suma de mil 200 euros (unos mil 800 dólares) por cada metro cuadrado de decoración".



Por otra parte, Alfonso Del Erario, director Editorial y de Comunicación del Grupo 24 Ore, afirmó que con "La palabra pintada" se pretende poner a la mano del gran público el contenido de las pinturas de Miguel Angel.



Estableció que los cuatro volúmenes de la serie, que serán distribuidos cada viernes -a partir del 20 de noviembre- con el periódico "Il Sole 24 Ore", han sido pensados en forma didáctica de manera que puedan ser fácilmente explicados, incluso a los niños.



Asimismo Antonio Paolucci, director de los Museos Vaticanos, dijo que mucha gente en el mundo conoce las imágenes de la Sixtina, pero pocos de ellos recuerdan los episodios bíblicos por ellas representados y su significado.



Todas las grandes obras de arte son plurales en su significado, tienen valor distinto, según cada momento de la historia pero, al mismo tiempo, encierran un sentido único y original que sirva de base para las distintas interpretaciones, sostuvo.



"Un templo donde se encuentra representado toda la historia del hombre, su origen y su fin, el destino de la humanidad, todo ello debe ser decodificado, explicado", apuntó.



"El mérito de este libro -añadió- es interpretar el código básico de la obra artística de la capilla, un código que servirá para las diferentes lecturas que en el futuro se hagan".



En un trabajo durado casi un año Roberto Zagnoli curó los cuatro tomos de "La palabra pintada" que llevan por título: "Miguel Angel y la vuelta", "Los pintores del siglo XV" (1 y 2) y "Miguel Angel y el juicio". Cada volumen reporta fotografías inéditas de los cuadros junto a las citas bíblicas que inspiraron a los artistas en su trabajo.



Además de los cuadros de Buonarroti se incluyen imágenes de obras de arte de pintores como Domenico Ghirlandaio, Sandro Boticelli, Perugino, Pinturicchio, Cosimo Roselli, Piero di Cosimo y Luca Signorelli.



Actualmente la Capilla Sixtina es la atracción más importante del complejo museal perteneciente a la Sede Apostólica, según datos oficiales cada día la visitan unas 20 mil personas.





jueves, 22 de octubre de 2009

Huella dactilar permite atribuir un cuadro a Leonardo da Vinci



Londres, 13 oct (EFE).- La huella dactilar descubierta en la esquina de un cuadro que se creía obra de un artista alemán del siglo XIX parece confirmar que se trata de una tela de Leonardo da Vinci, informa la revista "Antiques Trade Gazette".

El cuadro, de 33 por 23 centímetros, se vendió en 1998 en una subasta en Nueva York por 19.000 dólares (unos 12.800 euros), pero si su nueva atribución es cierta, podría alcanzar ahora los 150.000 millones de dólares (unos 101.500 millones de euros), según los expertos.

La datación con el método del carbono y los análisis con rayos infrarrojos de la técnica del artista permiten llegar también a esa conclusión, pero el dato que parece determinante es ese fragmento de huella dactilar captada por una cámara multiespectral de la empresa Lumière Technology.

Según Peter Paul Biro, un experto forense en arte de Canadá, la huella dactilar corresponde a la punta del dedo índice o corazón y es "muy comparable" a la encontrada en un "San Jerónimo" del pintor renacentista italiano que se conserva en el Vaticano.

Martin Kemp, profesor emérito de Historia del Arte de la Universidad de Oxford, está convencido, según informa hoy el diario "The Times", de que se trata de una obra de Da Vinci y acaba de terminar un libro (no publicado aún) sobre el hallazgo.

Su primera reacción fue de incredulidad, pero poco a poco vio cómo se recomponían las figuras del rompecabezas.

La obra en cuestión se subastó con el título de "Joven de Perfil con Vestido del Renacimiento", pero Kemp la ha rebautizado como "La Bella Principessa" tras identificarla, "por un proceso de eliminación", con Bianca Sforza, hija de Ludovico Sforza (1452-1508), duque de Milán, y de su amante Bernardina de Corradis.

Si es realmente de Leonardo, como sospechan Kemp, sería la única obra de Leonardo sobre pergamino aunque, según ese experto, el pintor renacentista preguntó en 1494 al artista francés Jean Perréal acerca de la técnica del uso de tizas de colores sobre pergamino.

El cuadro lo compró en 1998 una marchante neoyorquina llamada Kate Ganza, que lo vendió por la misma suma de dinero al experto Preter Silverman en 2007 en la creencia de que era una obra "de un artista alemán que había estudiado en Italia, donde se había familiarizado con la obra de Leonardo".

Cuando Silverman lo vio, sintió "pálpitos" porque pensó que podría ser obra de un artista florentino e incluso del propio Da Vinci.

Los análisis efectuados con la técnica del carbono-14 permiten datar el pergamino de entre 1440 y 1650 y los análisis con rayos infrarrojos revelan paralelismos con otras obras de Leonardo. EFE

martes, 13 de octubre de 2009

El Hombre de Leonardo



Por José Fco. Terán.
Lo he visto dos veces. Es un dibujo sobre una hoja manchada por los años poco más grande que una carta y prensado entre dos placas de vidrio, a prueba de golpes y de robos, que se encuentra en la Galería de la Academia de Venecia. Además, constantemente lo vigilan cuatro guardias que se paseaban muy cerca de los turistas.

La primera vez, me detuve en un hostal de Mestre y desde allí me dirigí en tren a Venecia dos días seguidos, por las siguientes razones: porque los hoteles en esta ciudad flotante siempre están al tope y también porque hasta los de tres estrellas son caros para un estudiante como yo lo era en esos días. La cosa fue que esa vez quedé pasmado ante el llamado Hombre de Vitruvio de Leonardo da Vinci y permanecí en la sala varias horas prometiéndome volver.

La siguiente vez lo hice en compañía de seis alumnos más y dos maestros de la Universidad de Florencia. Era un mes de enero y Venecia se encontraba en medio de un carnaval espectacular que ni sus máscaras más hermosas nos desviaron de nuestro propósito principal: estudiar varias obras de arte ubicadas en distintos lugares. En medio de un gentío y de un frío que se recrudeció por la tarde, nos dirigimos a la Galería de la Academia y ahí lo encontré igual como lo vi la primera vez: protegido y vigilado, pero en esta ocasión no había turistas porque no estaba en exhibición al público y sólo las gestiones de la Universidad de Florencia con la Academia de Venecia nos permitieron ver el pequeño papel en medio de dos vidrios y casi en el centro de una sala medio desierta. Como siempre, las explicaciones de los maestros fueron a fondo, abundantes y precisas. Y como la vez anterior, me sentí maravillado viendo esos dos hombres desnudos que se yuxtaponen dueños de una sola cabeza que, los estudiosos, creen ver un autorretrato de Leonardo cuando éste tenía cerca de 38 años.

Menciono esto porque el pasado día 10 de octubre, allá en Venecia, Italia, inició la exposición Leonardo. El Hombre Vitruviano entre el Arte y la Ciencia, que permanecerá abierta al público durante tres meses, para exhibir este mismo dibujo de Leonardo da Vinci antes de que lo regresen, el próximo mes de enero, a los depósitos blindados del Departamento de Dibujos e Impresos de la Galería de la Academia, lugar en donde se ha conservado desde 1822.

Luego de quedar fuera de la vista del gran público internacional, durante cerca de seis años, el Hombre de Vitruvio, como también es conocido, ya está siendo expuesto a los turistas ávidos de conocer más sobre este genio del Renacimento.

El dibujo fechado hacia 1490 y elaborado en Milán, tiene 34 centímetros de altura y 24 de ancho, sobre un folio que hoy, a través del Internet, ya es conocido por todo el mundo y ha inspirado a escritores, artistas, empresas e instituciones tan reconocidas como la NASA para ser usado como logotipo de toda clase de productos y servicios.

Para los viajeros que pasen por Venecia durante la llamada “temporada baja”, o invernal, será una gran oportunidad para que conozcan y disfruten esta obra que originalmente fue diseñada por Vitruvio, uno de los grandes arquitectos de la Roma Imperial y quien siguiendo las indicaciones de Platón dio por encerrar en un círculo y un cuadrado las proporciones del ser humano que, según el filósofo, son las proporciones del universo. Vitruvio buscaba, a su vez, el canon perfecto para aplicarlo en sus edificaciones.

Después de muchos estudios, se sabe que Leonardo corrigió el diseño de Vitruvio descubriendo que sólo un hombre inscrito en un círculo tendrá su centro en el ombligo, mientras que un hombre inscrito en un cuadrado lo tendrá en los genitales.

El plus de esta exposición es que el próximo mes de enero se reunirán en Venecia, estudiosos de disciplinas históricas, artísticas, matemáticas, psicológicas y antropológicas para plantear nuevas hipótesis sobre las especulaciones científicas que predominaban en la Italia del siglo XV.

Yo, por mi parte, recuerdo la hoja dibujada a pluma y la escritura inversa que rodea al gráfico.
Recuerdo la última ojeada a esas letras seguras y decididas mientras me preparaba mentalmente para enfrentar un frío varios grados por debajo del cero.

José Fco. Terán.
Escritor y editor.

miércoles, 8 de octubre de 2008

La Madonna de Via del Quarto



(Del libro "Crónicas Florentinas")


En Florencia, hacia las colinas del noreste, se ubica una zona no muy alejada del centro de la ciudad, pero que en el Siglo XV quedaba fuera de las murallas; en ella se alzan aún los palacios y villas de campo de los poderosos comerciantes y banqueros florentinos. Allí siguen, también, desafiando el paso del tiempo, las villas de la familia Medici.

Hoy, la zona se encuentra cruzada por callejuelas encementadas o adoquinadas que serpentean entre altas paredes de piedra que circundan residencias, terrenos de cultivo, monasterios, viejas iglesias, villas particulares y los "Quartiere" o barrios aledaños, como el de Serpiole sobre las colinas del Sesto Fiorentino
Precisamente, en una de estas villas, propiedad de la poderosa familia Medici, estuvo hasta hace poco, en una de sus áreas, el Centro de Cultura para Extranjeros de la Universidad de Florencia. La otra parte de la misma edificación la sigue ocupando el monasterio de la Orden de las Pequeñas Esclavas de la Santísima Trinidad, congregación que data desde el Siglo XV.

En los años 2002-2003 etendí a un curso de Arte Renacentista en este lugar.
Las clases iniciaban a las 8 de la mañana y, un poco antes, después de dejar el autobus que baja de las alturas de Serpiole, cruzaba un pequeño puente muy cerca de la Villa de campo de Cosme de Médici, el llamado "Pater Patrie". Caminaba por las solitarias calzadas con un frío de 6 bajo cero, hasta topar con la alta barda de piedra de "La Quiete", el imponente edificio de original arquitectura florentina que albergaba a la escuela y al monasterio.
En esta edificación y sus muros, que ceñían un amplio jardín, desembocan dos angostas callejuelas pavimentadas: Via de Tolentino y Via de Quarto. A éstas, se une, casi a las puertas mismas de La Quiete, Via del Boldrone.

Un poco de historia sobre La Quiete.
Villa Tranquila toma su nombre a partir de un fresco que se localiza en una galería superior situada sobre el patio interno principal, realizado por el pintor de Corte Giovanni dei Giovanni, hacia la mitad del siglo XVI, y donde el motivo principal es una mujer a cuyos pies descansan, domados por la hermosura de ésta, los cuatro vientos. "Lo más movible y agitado que existe en el mundo", podemos leer en una biografía sobre la fundadora de la Congregación de las Pequeñas Esclavas de la Santísima Trinidad, Eleonora de Montalvo y escrita recientemente por Sor Geltrude. La galería donde se localiza el fresco, actualmente se encuentra cerrada al público.


Como suele suceder con los estudiantes extranjeros, afortunadamente, el acceso a esta obra y otras de igual valor, me fue permitido. Aquí, sobre las puertas en arco de los salones, se pueden admirar obras originales de los mejores escultores de terracota vidriada del Renacimiento: Los hermanos Della Robbia.

Sobre la entrada principal de la Villa se puede ver el escudo de los Medici-Della Rovere, esculpido en Pietra Serena, una especie de cantera de color gris muy usada en todas las edificaciones de Florencia, desde el Siglo X hasta nuestros días. La mitad de éste hace alusión al símblo de los Médici, unas bolas, en tanto un árbol, un roble, alude a la familia Rovere.

La razón estriba en que la Villa, primeramente propiedad de Niccolò da Tolentino (1350-1435), un conductor de los ejércitos florentinos y cuya efigie, pintada al fresco por Andrea del Castagno, aún la podemos ver en el interior de la catedral de Santa María de las Flores, en el corazón de la ciudad, pasó a ser propiedad, en 1453 (Cuando Leonardo Da Vinci apenas tenía un año de edad), de Pier Francesco dei Medici. Después pasó a manos del Cardenal Giovanni dei Medici, cuñado de Cristina de Lorena; luego fue adquirido por Lorenzo "Il Magnifico", que poseía también otro palacio vecino: La Villa della Petraia.
Tiempo después pasó a ser propiedad del Gran Duque Ferdinardo II di Medici, esposo de Vittoria della Rovere. De alli el escudo que aún se conserva sobre la puerta principal.
Posteriormente, en 1650, La Quiete fue adquirida por Eleonora Ramírez de Montalvo.

La arquitectura.
La Villa La Quiete, es un edificio típicamente renacentista: Un cuerpo principal con varios patios internos rodeados por largos pasillos de bóvedas cruzadas y tres pisos de altura, así como altas y cuadrangulares ventanas. El edificio está construido con "mattone", una piedra amarillo ocre y "pietra serena", ambos materiales traídos de las montañas cercanas a Florencia. Con estas piedras está construida casi toda la ciudad antigua y la moderna. Los techos son de teja roja que resaltan ante los grandes y austeros planos de sus paredes, apenas diferenciados en algunos lugares, alrededor de ventanas y puertas con soportales construidos en pietra serena.

De hecho, la arquitectura renacentista es demasiado escueta y simple, pero en ello estriba su armonia y belleza. En el caso de La Quiete, un largo corredor con piso de marmol gris conecta directamente al patio interno principal, en cuyos lados cuatro pasillos en arco, de columnas cuadradas y bóvedas en crúz, recuerdan aquella galería de ingreso que tiene el Hospedale degli Inocentti, una de las obras arquitectónicas más importanes del Renacimiento realizada por el maestro florentino Fillippo Brunelleschi, y que se encuentra a un lado de la Iglesia de la Anunciación.
Y es que no sólo el estilo de las arcadas tienen un aire "brunelesquiano", sino que los mismos rosetones que se pueden apreciar en la parte alta donde se unen los arcos, nos hablan de ese estilo único que le dio una etiqueta muy singular al Renaciminto.
Sí, porque aquí, en La Quiete, podemos apreciar que los rosetones son producto del mismo taller de donde salieron los rosetones del Hospedale degli Inocentti. El Taller de los hermanos Della Robbia.

Por otra parte, el piso, en el patio central y en otras áreas del edificio, como podemos apreciar en la fotografía, es de marmol "a intarsio" o "Cesellato", es decir a la técnica de incisión con mármoles de diferente color, tal y como lo vemos en otros edificios del centro de la ciudad.
Cuando tuve la fortuna de frecuentar este edificio, me llevé una grata sorpresa: Generalmente cuando tratábamos las obras de un artista lo hacíamos por la mañana en sus aspectos teóricos, y por la tarde nos dirigíamos a los museos o iglesias de la ciudad para estudiar los originales, casi siempre acompañados por dos maestros especialistas en el autor y las obras. El día que nos tocó estudiar las obras de la familia della Robbia no fue necesario ir al Uffici, o a cualquier otro museo, iglesia o palacio particular. Allí, en nuestros propios salones se encontraban los maestros florentinos que descubrieron la técnica de la terracota vidriadia y pintada y que contribuyeron, no sólo con su toque especial a la gran producción de ese período, sino que sus estudios y composiciones espaciales fueron un legado para los nuevos artistas.
Pero también La Quiette nos tiene otras sorpresas: Posee un grande y simétrico jardín que durante el verano se llena de flores y aromas. Al fondo, puede verse un gran monumento en arco que no ha sido restaurado y que tiene una antigüedad de varios siglos. Pertenece, por su estilo, al período final del barroco italiano. Representa la alegoría de la mujer que le da agua de beber a Cristo.

En esta villa y en las otras que se encuentran en los alrededores, se pueden encontrar verdaderas obras de arte pertenecientes a los períodos del Renacimiento, el Manierismo y el Barroco. Muy cerca de este lugar, se encuentra una pequeña iglesia construida con Pietra Serena y mármol y que contiene valiosos frescos en el techo y paredes. Pude advertir, durante los meses que estuve pasando frente a la construcción, que en una época se habían iniciado trabajos de restauración y que después habían sido abandonados. Las estructuras metálicas todavía estaban colocadas sobre la fachada y la cúpula.
Después, cuando pregunté en la escuela sobre los trabajos de restauración tanto de esa iglesia como de la misma Villa de la Quiette, me contestaron que el Ministerio de Cultura no tenía el dinero suficiente para hacer la restauración de miles de sitios artísticos que se encuentran alrededor de la vieja ciudad de Florencia.
La Virgen del Quarto.
Al principio no la vi. Diario, por la mañana, pasaba a un lado de la gran barda que rodeaba la escuela. Un poco antes de las ocho llegaba a la esquina de Via del Quarto y del Boldrone, precisamente a uno de los ángulos de la barda y luego me encaminaba por la solitaria y angosta calle hacia la entrada de la escuela.

Una vez, al pommeriggio, ese tiempo entre las dos y las cuatro de la tarde, me detuve en la esquina de Via del Quarto pensando si esperar en ese lugar el autobús o caminar por la misma hasta la estación de Tolentino. Entonces la vi.

Era una virgen primorosa, empotrada en una hornacina en lo alto de la redonda equina del muro. Y digo que no la había visto porque la alambrada de una cerca y la altura no la dejaban ver del todo, sin contar los constantes días de niebla. lluvia y oscuridad propios de los días de invierno.

De acuerdo a la información que después recavé, esta obra, como tantas otras que se encuentran empotradas en las esquinas de las calles de Florencia o sobre las fachadas de los edificios, pertenecen a los últimos tiempos del Renacimiento y, como en este caso, la hermosa Maddona había salido de los talleres de los hermanos Della Robbia.

¿Será posible --me preguntaba-- que no sólo dentro de la escuela perduren aún obras de estos famosos artistas florentinos, sino que sobre la calle podamos encontrar su rastro?

Una mirada más atenta a la Madonna de Via del Quarto me reveló que algunos vecinos de los alrededores, o quizá las mismas hermanas de la congregación, colocaban flores y veladoras en el pequeño nicho.


Es seguro que los antiguos habitantes de la zona acudían allí para dejar esta clase de ofrendas sobre una pequeña pero grandiosa obra de arte.

Estas son las sorpresas que nos depara la ciudad de Florencia y sus alrededores.

En su próxima visita a la capital de la Toscana, pasen por Vía del Quarto y lléguense hasta la esquina de esta barda para admirar esta portentosa obra.